

Entre grandes ciudades y pequeñas comunidades ribereñas, la Foresta Amazónica se asoma como un escenario grandioso, ocupando la mayor parte de los siete estados de la Región Norte, hogar de 16 millones de brasileños. En Manaus, capital de Amazonas, con 1,8 millón de habitantes, edicios históricos como el imponente Teatro Amazonas muestran la herencia del Ciclo del Caucho, que enriqueció la ciudad en el siglo XIX. El encuentro de los ríos Solimões y Negro — que corren paralelamente por seis kilómetros antes de unirse para formar el Amazonas — atrae visitantes para paseos en los que delnes rosados del Amazonas nadan al lado de los barcos. Visitas a aldeas indígenas y paseos por los “igarapés” — brazos de río que corren foresta adentro — son otros programas que uno no puede perder.
En Belém, capital del estado de Pará, con sus 1,4 millón de personas, el mercado Ver-o-Peso, construido en el siglo XVII, ofrece un banquete a los cinco sentidos, con frutas tropicales, hierbas de la foresta y una innita variedad de pescados de la riquísima culinaria local. Después del paseo, sólo toca elegir uno de los excelentes restaurantes de la ciudad para disfrutar de las especialidades de la región, como el pato con tucupí y el guiso de pirahiba, un sabroso pescado de la Cuenca Amazónica.