Refugiados del Congo buscan la paz luchando por el sueño Olímpico en Río de Janeiro
Con apoyo del centro de referencia del judo brasileño, Popole Misanga y Yolande Mabika entrenan para conquistar un cupo en el equipo del COI
Con apoyo del centro de referencia del judo brasileño, Popole Misanga y Yolande Mabika entrenan para conquistar un cupo en el equipo del COI
Popole Misenga y Yolande Mabika entrenan en el núcleo Jacarepaguá del Instituto Reação, en la zona oeste de Río (Foto: Rio 2016/Alex Ferro)
Texto: Pedro Só Fotos: Alex Ferro
Llegaron a Río de Janeiro a finales de agosto del 2013 sin mayores expectativas. Venían a competir en el Mundial de Judo representando a su país, la República Democrática del Congo (que se independizó de Bélgica en 1960 y que entre 1965 y 1996 adoptó el nombre de Zaire), para ganar experiencia. Dos años y siete meses después, aún están en la ciudad.
Sin patria para defender, trabajan para lograr algo extraordinario: participar de los Juegos Olímpicos Rio 2016 como parte del primer equipo de atletas refugiados que el Comité Olímpico Internacional (COI) va a seleccionar para competir bajo su bandera. Serán de cinco a 10 nombres a ser anunciados oficialmente en junio.
La semana pasada, Popole Misenga, de 24 años, y Yolande Mabika, de 28, firmaron en la sede del Comité Olímpico de Brasil una carta de intención para participar del programa Solidaridad Olímpica del COI. Ahora recibirán ayuda financiera y más orientación técnica, la cual ya reciben desde hace un año del Instituto Reação, una ONG capitaneada por el medallista Olímpico brasileño Flávio Canto, figura del judo nacional.
Popole Misenga
Yolande fue la que decidió huir del hotel en el centro de Río donde paraba la delegación del Congo. Defraudada por la atención que dispensaban los dirigentes de su país, ella no llegó a competir en el Mundial del 2013. "Ellos nos dejaron solos, sin dinero y sin comida por dos días", recordó. Eso se sumó a la revuelta por malos tratos a lo largo de dos años: cuando perdíamos, contó Popole, los entrenadores nos obligaban a dormir en celdas. Él llegó a competir en el Mundial, pero fue eliminado en la primera lucha castigado por, irónicamente, falta de combatividad.
Sin saber hablar portugués, Yolande caminó por el centro de Río, abordando a todos los afroamericanos en la calle con la expectativa de que alguno fuera africano. Dos días después, y tras una noche durmiendo en la calle, ya tenía contactos en el barrio Brás de Pina, en la favela de Cinco Bocas en el norte de la ciudad, donde se concentra buena parte de la comunidad de congoleses radicados en Río. La judoca mandó a una amiga a buscar a Popole al hotel y los dos se reencontraron. "La gente se abrazaba, fue una alegría", rememoró. Los dos años siguientes, sin embargo, iban a ser muy difíciles.

Cerca de 8.500 personas originarias de la República Democrática de Congo viven en Brasil, 900 de ellas en Río. El país africano hoy es la mayor fuente de refugiados en la Cidade Maravilhosa; desde el 2014 llegaron 498 personas, le sigue Siria con 181 en el mismo período.
Cinco Bocas es una favela horizontal “urbanizada” que en los años 90 llegó a ser de referencia para el programa de integración Favela-Barrio, de la intendencia de Río de Janeiro. Sin embargo, hace muchos años que acostumbra a aparecer en los noticieros por su falta de seguridad.
Fue allá que Yolande y Popole tuvieron que recomenzar su vida antes de solicitar oficialmente refugio, encaminado a través de Cáritas, una organización de beneficencia ligada a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil.
Pasaron así dos años con poco tiempo para dedicarse al deporte. Entre trabajos ocasionales y subempleos, Yolande trabajó limpiando máquinas de cortar verduras en Teresópolis; Popole fue auxiliar de cargas de camiones. Ella ahora vive en otra favela, Cidade Alta, en la zona norte de Río, con una amiga y los hijos de ésta. Él vive en Brás de Pina con su pareja (desempleada desde hace un año), su hijastro y un hijo brasileño de 13 meses. Apenas tiene para pagar las cuentas todos los meses y sueña con mudarse a una zona más segura en la ciudad. "Mi hijo va a tener que luchar también, pero sólo en el tatami", dijo.
Popole Misenga

Yolande Mabika llora al hablar de sus cuatro hermanos, con quienes no ha tenido contacto desde su infancia en Bukavu, en el este de República Democrática de Congo. "No se si están bien, si están vivos”, dijo.
Cuando apenas tenía 10 años, en 1998, guerrilleros le impidieron volver a su casa, por lo que quedó separada de Guillain, Beby, Dody, Bobette y sus dos padres. Vagó por las calles, donde vió a muchos heridos por las calles, hasta ser rescatada por militares, embarcada en un avión y dejada en un estadio en Kinsasha, la capital del país, a cerca de 1.500 kilómetros de su hogar.
Allá, Mabika, junto a niños y adultos apartados de sus familias, pasaron meses apiñados. Poco después comenzaría con las clases de lucha.
Yolande Mabika
El deporte fue una de las salidas que el gobierno congolés encontró para abrirle un camino a los niños huérfanos. Con Popole, campeón nacional y medalla de bronce en el Campeonato Africano sub-20 en el 2010, no fue diferente. Él contó que a los seis años, después de que su madre fuera asesinada en Kisangani, la tercera mayor ciudad del país, huyó a la selva. Calcula que estuvo tres días deambulando hasta ser rescatado por un barco y ser llevado a Kinshasa. Atrás quedarían sus tres hermanos -Naomi, Joli y Chico-, sobre los cuales nunca más tuvo noticias. "Tengo mucha añoranza; de ellos y de algunos amigos que me ayudaron después en el Congo. Quiero hacerlo bien por ellos", dijo.

Según las Naciones Unidas, la expectativa de vida en República Democrática de Congo es apenas de 48 años para los hombres y de 51 años para las mujeres. Esos apenas son algunos de los números dramáticos sobre el país, el segundo mayor de África y el onceavo del mundo por extensión. La guerra que aterrorizó al Congo e involucró a naciones vecinas entre 1997 y el 2003 dejó cerca de 5,4 millones de muertos, de acuerdo a algunas estimaciones.
Desde entonces, la violencia de las milicias y las guerrillas ha vuelto a golpear periódicamente a algunas regiones del país, que desde el 2001 es gobernado por Joseph Kabila.

Popole y Yolande entrenan tres veces por semana bajo supervisión de Geraldo Bernardes, de 73 años, un técnico que lideró al equipo brasileño de judo en cuatro Juegos Olímpicos (de Seúl 1988 a Sídney 2000). Ellos también cuentan con el trabajo del mismo equipo multidisciplinario (nutricionista, fisioterapeuta y psicóloga) que atiende a la ex campeona mundial Rafaela Silva, candidata a medalla Olímpica en la categoría de hasta 57kg.
"Aquí el nivel es alto, entrenamos el otro día con Victor Penalber (bronce en los Juegos Panamericanos Toronto 2015 y esperanza brasileña en los pesos medianos -hasta 81kg-). Ellos van a participar del campeonato carioca y de torneos en Sao Paulo para mejorar su dinámica de competición y adaptarse mejor a las reglas más recientes (en vigor desde el 2014)", dijo Bernardes.
Geraldo Bernardes, entrenador
La adaptación no fue fácil. Con la agresividad a flor de piel, los dos judocas congoleses fueron intimados a adaptarse al fair-play vigente entre los compañeros de entrenamiento en la unidad Jacarepaguá de Reação. "Necesité hablar, decirles que no era una lucha, que no era para tomarse a los golpes. Ellos estaban acostumbrados a ser castigados, eran maltratados cuando perdían. Ese ímpetu puede ser bien canalizado para la competición, pero la técnica viene antes ", explicó Bernardes.
Popole Misenga
El preparador físico Paulo Caruso añadió: "El clima aquí es de familia, uno ayuda al otro, lo mismo entre los atletas que disputan cupos en la selección". Caruso observó como Popole ganó siete kilos de masa muscular desde el inicio del entrenamiento. "Se hizo grande, con 95kg, pero da bien para batir el peso de la categoría (hasta 90kg)", explicó.
El congolés vibra con su desarrollo en todos los sentidos: "Estoy sintiendo el cuerpo que le hacía falta a mi judo". Yolande también se nota cambiada por su contacto con la escuela de un país de buena tradición en el deporte: Brasil conquistó 19 medallas Olímpicas en la modalidad.
Yolande Mabika

El fuerte acento en su portugués es sólo un detalle. Popole ya está a gusto en Río de Janeiro: hincha por el Flamengo, aprecia el pagode (un ritmo brasileño), le gusta el film "Cidade de Deus", y adora al açaí y la sopa de guisantes que prepara su mujer. "Mi hijo es carioca", dijo como si contara con ventaja por eso.
Popole Misenga
Yolande también quiere seguir disfrutando de la ciudad, viviendo del deporte o de alguna profesión relacionada con él. "Si me la paso recordando, dando vuelta a cuestiones de mis padres, voy a quedar mal de la cabeza. Quiero pensar en Brasil como mi casa. Nunca voy a olvidar como el país me recibió", relató emocionada.