Texto: Denise Mirás
En los Juegos Olímpicos Barcelona 1992, el ‘Dream Team’ de Estados Unidos, que incluyó a algunos de los mejores jugadores de todos los tiempos, ganó fácilmente el oro con un rendimiento descollante que se convirtió en parte del folklore deportivo mundial. Sin embargo, un heroico grupo de jugadores brasileños tuvo un rol fundamental cinco años antes en Indianápolis.
Antes de llegar a la final de los Juegos Panamericanos, la selección estadounidense nunca había perdido un partido como local. Pero, el 23 de agosto de 1987, Brasil dejó atónitos a los estadounidenses al recuperarse de un marcador adverso con una descarga de triples para ganar 120-115. Fue una victoria que ayudó a cambiar al mundo del baloncesto.
No sólo transformó los aspectos tácticos del deporte, sino también la manera en que los estadounidenses visualizaron su equipo Olímpico, que había sido conformado por amateurs hasta ese momento. La asombrosa derrota fortaleció la idea de convocar a los mejores jugadores profesionales, la crema de la NBA. Cuando un equipo estadounidense integrado mayormente por jugadores universitarios perdió ante la Unión Soviética en las semifinales de los Juegos Seúl 1988, el cambio de estrategia se convirtió en imprescindible.
La revolución de los triples
El triple, que tiene que ser convertido por detrás de la línea ubicada a 6,25m de la canasta, fue aprobado por la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) en 1984. Sin embargo, era fue muy usado tácticamente en los Estados Unidos, donde era visto frecuentemente como un truco. Pero, para el entrenador brasileño Ary Vidal, era el arma perfecta debido a la menor altura promedio de sus jugadores.
El plan de juego de Vidal era usar la velocidad del contra-ataque, con el rápido Gérson en la recuperación de la pelota y pasándosela a Oscar Schmidt, Marcel Souza, Cadum o Paulinho Villas Boas detrás de la línea del triple.
Schmidt fue particularmente devastador, marcando 46 puntos para ayudar a Brasil a recuperarse de una diferencia adversa de 14 puntos en el receso por el medio tiempo.
The New York Times dijo que Schmidt iba a vivir por un largo tiempo en la memoria de los 16.408 fanáticos en el Market Square Arena al “marcar triples desde casi cada lugar de la cancha”.
Según Souza, la victoria de 1987 cambió al mundo del baloncesto. El juego se convirtió en más abierto y, para 1989, “todo el mundo usaba la ventaja del triple”. Schmidt dijo que varios equipos de la NBA copiaron las tácticas brasileñas, las cuales sólo habían sido posible gracias a un intenso entrenamiento.
El equipo brasileño celebró los 25 años del partido con una reunión en São Paulo en el 2012. Durante el encuentro, Souza (que marcó 31 puntos en la final) reveló que entre el miércoles y el domingo del partido hizo sesiones dobles de entrenamiento. También admitió que, durante el partido, los brasileños provocaron a sus rivales empujando, atropellando e insultando. Los estadounidenses “comenzaron discutiendo con nosotros y olvidándose de jugar, mientras nosotros circulábamos la pelota” y acortábamos la diferencia.
Paulinho Villas Boas, el alero de Brasil en 1987 y actual director de baloncesto de Rio 2016, dijo que después averiguó por qué la ceremonia de premiación fue retrasada: no había una grabación del himno nacional brasileño en el gimnasio y los estadounidenses tuvieron que ir a buscar una al estadio de fútbol. Después de 15 segundos el himno finalizó, pero los jugadores brasileños cantaron el resto en voz alta.
Rolando, el ala-pívot que era estudiante universitario en Houston, desfiló durante una semana alrededor del campus con la medalla de oro colgada de su cuello. Schmidt rememoró un viaje alrededor de Estados Unidos tras los Juegos Panamericanos: “Vi a algunos muchachos jugando en una cancha. Hubo un tiro de larga distancia y gritaron ´¡Oooooscar Schmidt!´, imitando al comentarista en la final. Me puso muy orgulloso porque fue en el hogar del baloncesto”.

En los Juegos Barcelona 1992, los jugadores de la NBA desembarcaron por primera vez en un estadio Olímpico (Foto: USA Basketball/Andrew D. Bernstein)
De la decepción de 1987 y 1988 nació una leyenda deportiva que ya es parte de la historia. Liderado por tres de los mejores jugadores de todos los tiempos (Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird), Estados Unidos se quedó con el oro en Barcelona 1992, superando a sus ocho adversarios por un promedio de 44 puntos. Fuera de la cancha, las imágenes también eran asombrosas.
“Viajar con el ‘Dream Team’ fue como viajar con 12 estrellas de rock. Era como poner juntos a Elvis y los Beatles”
Chuck Daly, entrenador del equipo estadounidense de baloncesto en los Juegos Olímpicos Barcelona 1992