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Un mundo nuevo

Pareja representa a Argentina en pentatlon moderno después de 56 años de ausencia

Por Rio 2016

Emmanuel Zapata y su esposa Iryna Khokhlova representan a Argentina aunque ella estuvo en Londres 2012 por Ucrania, su país de orígen

Pareja representa a Argentina en pentatlon moderno después de 56 años de ausencia

Zapata y Khorkhlova hacen un alto al entrenamiento para el pentatlón moderno donde esperan hacer un buen papel en Rio 2016 (Foto: http://dxtv.gob.ar/wp)

El cabo Zapata corre y dispara. Toma carrera otros 800 metros, frena y vuelve a empuñar el arma. Apunta y aprieta el gatillo. Repetirá el mecanismo dos veces más. Tira y corre, tira y corre. La pistola, claro, no es una convencional sino una láser y su objetivo es una diana a 10 metros de distancia. La escena forma parte de un día de entrenamiento de Emmanuel Zapata, atleta que practica pentatlón moderno y competirá en los Juegos Olímpicos después de 56 años sin representantes argentinos en esa disciplina.
Arriesgar una y mil veces es una decisión que Zapata parece tener marcada a fuego. Alguna vez tomó riesgos sin saber lo que estaba haciendo. ”A los 14 años me tiré en la parte profunda de una pileta: casi me ahogo, no sabía nadar y me ayudaron mis amigos. Recién aprendí a hacerlo a los 17”, relata. Este cabo primero del Ejército no sólo se fue puliendo en el agua: a esa disciplina le agregó un aprendizaje casi artístico de esgrima, equitación, carrera y tiro para dedicarse al pentatlón moderno.

Poco más de 12 años después, el combo lo depositó en Río de Janeiro.
Históricamente, fue el ejército el sitio en el que más arraigo tuvo el pentatlón moderno (ver recuadro), con premisas fundamentales como un estado físico óptimo, disciplina, mentalidad de hierro y coraje. ¨Yo soy suboficial, tengo rango de cabo. Fui soldado durante 10 años y gané la primera medalla para Argentina en un Mundial Militar, en 2011 en Brasil. Era algo así como los Juegos Olímpicos para militares y motivó mi incorporación como suboficial. Mi función en el Ejército es entrenar, no tengo que hacer otra cosa. Me dan todo, pero el día que deje el deporte será diferente: quizás deba ir como entrenador o incorporarme a alguna unidad¨, explica el deportista de 29 años.
En Argentina, el pentatlón moderno tuvo sus inicios en 1941 y recién en la década del 90 comenzaron a practicarlo civiles. En 2001 hubo una marcada apertura: las actividades empezaron a desarrollarse no sólo en el Colegio Militar de La Nación sino también en el Cenard. Fue Roma 1960 con Luis Ribera, Carlos Stricker y Raúl Bauza el registro de los últimos argentinos en los Juegos Olímpicos. ¨Conocí este deporte en 2004 a través de mi entrenador actual, Guillermo Filipi. Al no saber nadar estuve dos años dedicándome exclusivamente a eso y a los 19 ya practicaba las cinco disciplinas¨, detalla.
Zapata entrena de lunes a sábado, entre seis y ocho horas diarias. Esgrima, 200 metros de natación, 12 saltos de equitación, carrera en 3200 metros y tiro con láser componen la rutina. Estas últimas dos se combinaron desde Londres 2012. Las tres primeras disciplinas suman puntos para la tabla general, que ordena la posición de salida en la prueba combinada. El primero que termine ésta última será el vencedor. Todo en el mismo día y con el COI estudiando la posibilidad de poner un tope de tres horas y media en Río de Janeiro, para hacerlo ¨más atractivo para los espectadores¨. 
La historia de Zapata se enlaza a la lucha permanente, a una vida dedicada a superar barreras. Pero no sólo en lo deportivo, en aprender a nadar para adentrarse en la búsqueda de un sueño. También tuvo que batallar con problemas de salud que pudieron minar su camino. ¨Atravesé momentos bravos. Cuando era bebé, tuvieron que operarme por una obstrucción intestinal. Un médico les dijo a mis padres que rezaran por mi…¨. Esa misma alteración en el funcionamiento de los intestinos volvió a causarle inconvenientes en la adolescencia, por lo que tuvo que ser intervenido nuevamente a los 18 años. 
Miguel, el padre de Emmanuel, es suboficial principal retirado y durante 10 años fue pentatleta militar, deporte que abarca disciplinas totalmente diferentes: una de ellas, por ejemplo, es lanzamiento de granadas. ¨Mi papá me motivó a que hiciera deporte, sin presionarme, siempre me estimuló¨, resalta. Pamela y Ayelén, hermanas de Emmanuel y parte del equipo nacional, también son soldados del Ejército. Las hermanas también buscan su clasificación olímpica.
Zapata consiguió su pasaporte a Río 2016 en los Panamericanos de Toronto, competencia en la que finalizó quinto. Una de las inspiraciones de Zapata es la brasileña Yane Marques, medalla de bronce en Londres 2012. ¨Yo también soy sudamericano y puedo hacerlo¨.
Así como en alguna ocasión tomó riesgos sin saber qué estaba haciendo, en otras Zapata fue más metódico, criterioso. ¨De chico corría en 1.500 metros, después decidí cambiar¨, confiesa. ¨Tengo poca vida fuera del pentatlón, al ser un deporte muy físico me la paso todo el día entrenando. Otra cosa no hago. Había empezado a estudiar kinesiología pero a los dos años tuve que dejar, por los constantes viajes. Después de Río de Janeiro me gustaría retomarla¨. Correr riesgos y tomar decisiones. Nada que Zapata no haya experimentado antes.

Zapata y  Kokhlova practican láser apuntando sus esperanzas en Rio 2016 (Foto: http://dxtv.gob.ar/wp)

Una historia de amor ligada al deporte


El pentatlón moderno cruzó a Iryna Khokhlova en la vida de Emmanuel Zapata. El amor entre ellos, hoy marido y mujer, terminó de convencer a la atleta ucraniana para que compita por la Argentina en Río 2016. Nacida en Amvrosiivka (localidad cercana a Donetsk), uno de los principales puntos de la guerra civil que castigó a Ucrania hasta hace un año, Khokhlova fue parte de Londres 2012 bajo la bandera de su país. En la actualidad la decisión es otra y llevará los colores albicelestes. “Estoy feliz y orgullosa de estar en este evento con mi esposo”, cuenta a rio2016.com
De 26 años, Khokhlova fue décima en Londres. Hoy, su aspiración es ampliamente superior. “Quiero estar lo más cerca posible de las medallas, y si se da conseguir alguna, por supuesto que sería un sueño”, relata. 
Esta será la primera vez en la historia que la Argentina tenga una representante femenina en este deporte. “Su orgullo sería aportarle a nuestro país una medalla, del ‘color’ que sea, eso no importa”, aporta Zapata. 
Iryna estaba cursando la carrera de ingeniería alimentaria cuando estalló el conflicto bélico. Tuvo que abandonar su objetivo. “Sufro mucho por el conflicto en Ucrania. Allá tengo a mi familia, mi madre y un hermano. También a mis amigos. A veces vemos videos y es algo muy triste”, explica. En un futuro no muy lejano, sueña con llevar a su madre a Buenos Aires. Hoy no pude hacerlo porque ella quedó al cuidado de su abuelo en  Amvrosiivka.
La pareja se conoció en 2009, aunque Zapata tardó dos años en animarse a dialogar con ella. Un tiempo más tarde, en un torneo en Buenos Aires, la relación empezó a prosperar. “Estamos felices y orgullosos de competir juntos en Río 2016”, destacaron..