Texto: Denise Mirás
Con una humedad superior al 60%, poco viento y 38 grados de calor, la prueba de los 50km de la Copa de Brasil de Marcha el domingo (28 de febrero) fue un gran desafío para los competidores que recorrieron el circuito montado en la Playa de Pontal.
De los 18 atletas que largaron sólo siete cruzaron la meta, con tiempos superiores a las 4 horas y media para completar el recorrido, que también valió como capítulo local de los Campeonatos Sudamericanos y evento test del deporte para Rio 2016.
Imágenes de la carrera en el álbum de fotos en Facebook de Aquece Rio, el programa de eventos test de Rio 2016, muestran el esfuerzo de los atletas en una de las playas más bonitas de Río de Janeiro, en su zona oeste.
Mire las imágenes de los atletas durante la competencia:
¿Cuál es el límite humano?
Los atletas de la marcha pueden responder bien a esa pregunta. La prueba exige gran concentración para deslizar los pies sin correr y mantener una resistencia extrema. Un sol fuerte es el gran enemigo de los deportistas, al reducirles drásticamente su capacidad mental tras algunas horas de competencia. Se necesita una hidratación a medida con bebidas isotónicas, barras de cereal y geles con carbohidratos para compensar la pérdida de minerales por el sudor.
El problema es que el estómago puede rechazar cualquier tipo de alimento. Y los calambres aparecen como consecuencia de la pérdida de minerales, también. Con náuseas y dolores, los deportistas intentar disminuir la temperatura corporal arrojándose agua sobre la cabeza.
El calor del asfalto sobre el calzado produce ampollas, como sufrió el domingo el brasileño Rudney Nogueira, que dijo sentir llamas subiendo por sus piernas. Así, el atleta queda más expuesto a perder el ritmo y cometer infracciones que le pueden causar la expulsión de la carrera. Con tres faltas deben abandonar la competencia.
Es la mente la que empuja al cuerpo hasta que, para muchos, no se da más y la primera parada es frente a una ambulancia.
Con sus rostros retorciéndose por el esfuerzo, algunos cruzaron la meta tras más de cinco horas de carrera casi en "piloto automático". Para ellos, que no pueden hablar y son vistos con espanto por sus rivales, sus próximos pasos son hacia la sombra o al puesto médico