Los Juegos Paralímpicos

Disputado por personas totalmente ciegas o incapaces de distinguir la forma de una mano, el Fútbol 5 parece haber surgido en torno a la década de 20, en España, en escuelas e institutos especializados. Aunque exista hace algún tiempo, la disciplina pasa a formar parte del programa paralímpico solo en los Juegos de Atenas, en 2004. El primer Mundial se disputó en la ciudad de Paulinia, estado de São Paulo, Brasil, en 1998, cuando Brasil ganó el título.

Se disputan los partidos de Fútbol 5 en campos con las mismas medidas que los de Fútbol Sala, y el piso es de caucho, cemento o madera — pero la hierba sintética es la preferida desde la primera disputa del deporte en los Juegos Paralímpicos—.

El Fútbol Sala, bajo responsabilidad de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA en inglés), sirve de base para las reglas generales. La Federación Internacional de Deportes para ciegos (IBSA en inglés), fundada en 1981, se encarga del deporte.

Hay diferencias como el fuera de banda, que no existe porque dos vallas laterales de 1,20 m de altura impiden que la pelota salga del campo. Aparte del penalti, existe el doble penalti, lanzado a una distancia de ocho metros del gol. Cuatro atletas de campo componen el equipo y utilizan vendas en los ojos para evitar la ventaja de los que presentan percepción luminosa — pero el portero ve normalmente—. Se disputan los partidos en dos tiempos de 25 minutos con un intervalo de 10, y el equipo vencedor es el que marca más goles.

La pelota oficial posee cascabeles internos y su sonido orienta a los jugadores, además, tres “llamadores” ubicados en los tercios de orientación, les dan instrucciones. En el tercio defensivo, la responsabilidad es del portero. En el medio, del entrenador, sentado en el banco de los reservas, y en el ofensivo, de otro integrante de la comisión técnica, situada detrás del gol adversario. A pesar de estos recursos, hablar demasiado podría molestar a los jugadores.