Los Juegos Olímpicos

Se realizan carreras de Ciclismo de Pista desde los Juegos Olímpicos de 1896, los primeros de la Era Moderna, disputados en Atenas, Grecia. La disciplina está presente desde entonces y no tuvo pruebas solo en la edición de Estocolmo, capital sueca, en 1912 —en esta ocasión se realizó únicamente la disputa en Ruta—.

Desde las primeras competiciones oficiales, en 1870, los ciclistas competían en gimnasios cerrados con pistas de madera, muy parecidas a los velódromos utilizados hoy. El ambiente permitía que se disputaran las competiciones sin restricción meteorológica —y más, esto agradaba a sus promotores, que podían cobrar ingreso a los espectadores que querían ver las carreras—.

En el Ciclismo en Pista las bicicletas son diseñadas para alcanzar la máxima velocidad posible, y, curiosamente, no poseen ni marchas, ni frenos, una vez que parar repentinamente durante una prueba representaría un gran riesgo de accidentes en la pista.

A pesar de que las disputas de Ciclismo hayan existido desde hace tanto tiempo, las mujeres solo empezaron a participar en Seúl, en Corea de Sur, en 1988, en pruebas de Velocidad.

El programa olímpico de la disciplina cuenta con diez eventos, cinco para hombre y cinco para mujeres: Velocidad, Velocidad por Equipos, Keirin, Persecución por Equipos y Ómnium. La prueba de Ómnium estrenó en los Juegos Olímpicos de Londres y se parece al Decatlón y al Heptatlón: los ciclistas disputan seis pruebas —contrarreloj, puntos, persecución y carrera— y reciben puntos según su desempeño. Al final, el participante que obtiene la menor puntuación acumulada es el vencedor.